En Farmacia Molino a diario me encuentro con muchos casos en los que nuestra edad biológica no se corresponde con nuestra edad aparente. Veo personas con 45 años que tienen una piel de 25 años, y personas de 25 años con la piel estropeada como si tuvieran 10 años más. Por eso es importante conocer nuestra piel sabiendo cómo se encuentra y cómo tenemos que cuidarla.

Existen muchas clasificaciones del tipo de piel, como por ejemplo la que realizó la conocida doctora estadounidense Leslie Baumann en la que clasifica en 16 subtipos de piel si nos fijamos en 4 factores

  • Hidratación: clasificaríamos entre seca o grasa.
  • Sensibilidad: dividiríamos entre sensible o resistente.
  • Pigmentación: tendríamos pieles pigmentadas o no pigmentadas.
  • Arrugas: diferenciaríamos entres arrugadas o tersas.

Por ejemplo, responderíamos a 4 preguntas para saber el tipo de piel, así sería la mía:
Grasa, resistente, pigmentada y tersa.

Con esta clasificación del estado y tipo de piel podemos elaborar rutinas efectivas, pero os voy a enseñar una forma más fácil de conocer vuestro tipo de piel que no sea tan científica.

¿Qué te parece si nos comparamos con frutas?

¡Empezamos!
– Una piel seca deshidratada, pigmentada, que se encuentra con una textura rugosa podemos compararla con una PERA CONFERENCIA.
– Si tienes una piel satinada, con brillos, con poros abiertos… estaríamos hablando de una NARANJA.
– Cuando la piel tiene cierto brillo y sin tener poros abiertos ni exceso de grasa pero si firmeza podemos decir que sería una MANZANA FUJI.
– Si por el contrario tenemos una piel tersa, aterciopelada, sonrosada con el poro minimizado tendríamos delante de nosotros un precioso MELOCOTÓN.

Esto no deja de ser una clasificación anecdótica, para que me entiendas fácilmente. La piel nunca estará igual durante todo el año, dependerá de la estación, de la situación geográfica en la que te encuentres, de tus hábitos, de tu alimentación incluso de tu propio trabajo o estado de ánimo. Por eso es muy importante cuando aconsejamos una rutina tener en cuenta todos estos factores.

Para elegir una buena rutina cosmética tendremos que tener en cuenta el tipo de piel según nuestra genética y el estado en el que se encuentra, es decir, sus necesidades. Esas necesidades variaran según:

Factores intrínsecos o biológicos asociados a la edad, cambios clínicos, histológicos y fisiológicos. Por ejemplo: cambios hormonales, estrés…

Factores: extrinsecos o ambientales, se producen como resultado de la exposición diarias a una variedad de fuente que aumenta la producción de radicales libres que incapacitan a las células para su función. Por ejemplo: contaminación, exposición solar, tabaco…

-Otros Factores: deshidratación, sensibilidad, disminución riego sanguíneo…

¿Cómo se encuentra tu piel? ¿Qué tipo de fruta dirías que eres?

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